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sábado, 15 de marzo de 2014

El duende...

Esta mañana, si se puede llamar "mañana" a las 7 a.m de un sábado, mi perro y su despertador escatológico volvieron a hacer de las suyas. Cuando a Choco le entran ganas, le entran ganas y, como es lógico, hay que sacarlo.

He probado a pasearlo a las 2 de la madrugada, para ver si haciendo su último pis de la noche más tarde, se puede alargar el sueño del día siguiente. Pero no. Le gusta las 7 a.m por un tema suyo, de césped virgen y ambiente lóbrego...

Te levantas de la cama con el ojo medio abierto, a oscuras y buscando torpemente las zapatillas. Te coges el plumas, el gorro y sin quitarte el pijama, te dispones a enfrentarte al frío polar de la mañana, ese que muchos definen como "el fresquito del alba" que tú piensas "¿fresquito? Díselo a mi moquillo en forma de estalactita"

A favor de Choco, tengo que decir que no conozco perro más tranquilo y noble.

               - "¿qué haces Choco? ¡Venga! ¡Vamos que hace frío!"

Que te mira, con su culo posado en el suelo, y le falta decir:

                - "¿qué prisa tienes? Despacito se vive más feliz"

En plena "discusión" imaginaria con mi perro, algo se cruzó detrás de mí. Lo sentí, pero la verdad es que no vi nada. Supe que algo había pasado porque mi can, inmediatamente se levantó del suelo y empezó a gruñir.

Ahí es cuando sientes miedo... cuando sin saber qué pasa detrás, ves la cara/reacción del que tienes en frente, sea persona o perro.
Me giré ipso facto. No vi nada, pero Choco seguía gruñendo y mirando a la nada...

               - "¿qué ves chico? ¿Qué pasa?... Ojalá no me contestes, porque entonces si me meo del miedo..."

Intenté darle normalidad al asunto, cogiendo la correa con dominio y continuando con la marcha. Pero mi perro no estaba por la labor.

               - "Vamos Choco, que tenemos que volver a casa"

De repente, algo del tamaño de un gato sobre dos patas, me agarro del pijama.

               - "Disculpe señorita, el perro no se va a mover, creo que nunca antes había visto a un duende"

Me aparte de inmediato, solté la correa y salí por patas... mirando hacia atrás. Entendí porque el mejor amigo del hombre es el perro y no al revés, y un sentimiento de culpabilidad con mezcla de terror, recorrió mi cuerpo.

Frené en seco. Respiré y caí en la cuenta de que un tarado bajito me estaba vacilando. Y lo peor de todo, es que tenía a mi perro. Me di la vuelta con la seguridad de una folclórica y la culpabilidad de un despojo humano, capaz de soltar la correa de su perro al primer susto.

Observe que Choco estaba bien, y que aquel imbécil sostenía la correa. Mi perro estaba encantado con aquel desconocido. Y no es que Choco sea anti-social, pero en una situación normal, habría salido corriendo detrás de mí. (Lo que también me restó culpabilidad, yo era cobarde, pero mi perro un vendido)

               - "Eh, tú, suelta a mi perro... ¿pero de qué vas? Lárgate de aquí, no tienes gracia..."

               -"Tranquila malas leches mañaneras... ¿Sabes qué pasa? Me presente como me presente, todos hacéis lo mismo... Da igual si aparezco despacito o de repente. Si susurro o si grito, si vais solos o acompañados... Siempre salís corriendo y me insultáis, pero nadie se pone en el lugar del gnomo..."

               - "ya, ya ya... Dame esto"

Le quité la correa y antes de continuar con la marcha, Choco le dio un lametón, me miró y tiró para casa.

               - "loco de las narices... ¿y tú de qué vas eh? No era un niño ¿sabes? No todo lo pequeñito es bueno..."

FIN

Y así somos. Nuestra cabeza, un 99,9 % de veces reacciona así. Reacciona con la lógica y no con la curiosidad. Reacciona con la memoria y no con la posibilidad. Con un "es imposible" y no un "podría ser"...

Os contaré algo, era bajito, no un duende, estaba loco y vestía de verde, con un gorro y dando saltitos... Lo detuvieron por exhibicionista, porque a las pocas semanas decía que era Tarzán y enseñaba su liana colgante a las mujeres que paseaban por el parque...

Pero pensemos por un momento que hubiese sido un duende... Pensemos que de verdad hubiese existido...


Personalmente, me habría gustado más conocer a Tarzán.

viernes, 25 de octubre de 2013

LAURA VII (LLEGA EL FINAL)

La intención era buena, pero solamente era intención…
No pegó ojo en toda la noche. 30.000 vueltas en la cama, que no era muy grande, pero que en aquel momento parecía enorme.

“Si tengo que optar por lo que quiero, es fácil… No me habría ido de casa. Además ahora parece que todo empieza a encajar: trabajo, escuela de danza, chico que me ilusiona…”

Se tumbó hacia arriba con los brazos colgados en el cabecero.

“claro que, si es lo que debo de hacer… está claro que mi hermano de 15 años se está comiendo un marrón que no le toca. Además entre mi padre y mi hermano no sabría decir quién es el más inmaduro, así que…”

Cerró los ojos fuerte. Cogió el edredón y se lo puso sobre la cara.
Eso de pequeña le funcionaba para dormir. Ya no era tan pequeña y el peso de la responsabilidad caía sobre los hombros como una mochila.

Encendió la lámpara de la mesita de noche y se levantó a coger el álbum de familia que, desde que murió su madre, no veía.
Respiró profundo antes de abrirlo.

“¡Mírate! Que bonita eres mamá. ¡Y mira al enano! Aquí debía de tener como 3 añitos…jejejeje, papá vaya pintas…”

Entre lágrimas y carcajadas pasaba cada página del álbum.
Ana entró en la habitación delicadamente.

“Lau ¿puedo hablar contigo?”
“Pasa tonta, no te quedes ahí”

Se metió con ella en la cama y las dos empezaron a contar historietas de pequeñas.

“Lau. Eres mi mejor amiga desde parvulitos. Y creo que nunca te he hablado como voy a hacerlo ahora. Tampoco nunca hemos vivido algo como lo de ahora. Pero lucha Laura. Lucha por tu felicidad, por tus sueños, por tu vida. Lucha por lo que crees y por lo que sientes en cada momento. La vida te ha dado uno de los mazazos más grandes que se pueden dar. Pero has tenido la fortuna de tener una madre maravillosa y saber qué es eso. Hay gente que ni se lo imagina, ni sabrá nunca que se siente… hagas lo que hagas Lau, estoy a tu lado. Estoy orgullosa de como estas afrontando las cosas y como le estas plantando cara a la vida. Y estaré orgullosa escojas el camino que escojas”

Ambas, que ya estaban llorando, se fundieron un abrazo…

“y si no eliges el camino del mazizo de tu vecino, no te preocupes, yo te lo cuido encantada…”
“¡¡Anaaaaaa!!”

Le dio un almohadazo en la cara que acabó con Ana por un lado de la cama y Laura por otro a “guerra de almohadas”

“Ana, gracias… siempre estas y sabes el momento exacto para estar. Te quiero”
“y yo boba. Descansa que mañana curras”

Sonó el despertador y parecía que acababa de cerrar los ojos.
Era el primer día en la clínica de fisioterapia y estaba algo nerviosa.

“Ey nueva y a la par reluciente compañera, ¡buenos días! ¿Lista?”
“¡Ey tío! A por todas…”

En hora y media se puso al día de qué tenía que hacer y dónde estaba cada cosa.
La jornada se pasó rápido, sin ningún incidente en su primer día.

“¡Hasta mañana Juanma! No he roto nada, ni matado a  nadie, que para ser el primer día no está mal…”
“Nada mal loca. ¡Hasta mañana! Ah! Intenta dormir algo anda, porque vaya ojeras tú…”
“lo mío se arregla durmiendo… ¿pero qué hacemos contigo?
“Vengaaaa… ¡zas! En toda la boca!”

Tocaba una de las dos cosas que más deseaba del día de hoy… María.
“¡Buenas tardes María! Mire, encontré esto en casa y pensé que le haría ilusión”
“¡Hola Angelico! ¡Has venido! … ¿y esto qué es?”

Abrió el paquete en el que estaban envueltas las típicas muñecas rusas, matrioskas, que estaban en su vida desde que tenía memoria. Eso si, estaban impolutas.

“El otro día me fijé que tenía un montón de figuras por la casa y no vi ninguna como estas… es tan común que pensé que debería de tenerla usted”
“cariño, es un detalle tan bonito… (Le dio un abrazo de los de verdad, de los que se sienten profundamente) pero pasa, que te he hecho cocido”

El tiempo con María era mágico. Las anécdotas de su vida, sus experiencias, la cantidad de cosas que tenía que aprender de aquella mujer…
Era reservada, pero aquella abuela le inspiraba toda la confianza del mundo, así que aprovechó la ocasión

“María, tengo una duda existencial que está acabando conmigo desde hace unos días”
“ay hija, no me asustes, cuéntame”

Puso al día a María de todo lo que le pasaba por la cabeza y la anciana fue contundente.

“Cariño, no hay mejor consejo a seguir que el que se da uno mismo. Las experiencias, las piedras del camino, las soluciones, los problemas… son diferentes en cada uno. Pero piensa que elijas lo que elijas, elije una vida de la que te sientas orgullosa. Y si no es así, elije empezar de nuevo”

No le dio la solución. Le dio algo mucho mejor, el camino para tomar la decisión.

“Es usted muy especial María, muchas gracias por todo…”
“Hija, no soy especial, soy vieja”

Al llegar a casa, Ana abrió corriendo la puerta

“tía, tía, corre, vete a ver a tu chicarrón”
“¿qué te pasa chiflada?”
“correeeeee”
“pero déjame entrar y ducharme ¿no? ¡Que llevo todo el día fuera!”

Se abrió la puerta de Alex.

“¿Laura? ¿Puedo hablar contigo un momento?”
“¡¡Hola! Hola… ¡si! ¡Claro!”
“yo me quedo con esto”

Ana le cogió la mochila y la empujó hacia él.

“Pasa por favor…”
“gracias”

La casa era espectacular. Había juntado dos casas y hecho un loft, diseñado con mucho gusto.
A medida que fueron llegando al salón, atisbó sombras en la pared que se movían en aquella luz amarilla. Todo el salón estaba repleto de velas de distintos tamaños y formas.

En el centro una alfombra de pelo blanco y dos copas de vino posadas en una bandeja.

“vaya Alex, es precioso. ¿Qué celebramos?”
“El habernos encontrado”

La besó y ambos se sentaron en el suelo.

“¿Cómo estás Laura?”
“Bien, la verdad que sorprendida con esto y algo cansada del día, pero ahora muy muy bien… ¿y tu?”
“Loco por ti. Se que es precipitado, raro y todo eso. Y te aseguro que para mí lo es mucho más. Pero desde ayer la sonrisa no se me quita de la boca y tú no te vas de mi cabeza. Siento que la ilusión ha vuelto a mi vida y la verdad que esta vez no quiero perder la oportunidad de que se quede. No te asustes, es sólo que creo que nunca me he sentido así antes”
“¡No! ¿Cómo me voy a asustar Alex? Yo estoy como tú. Es solo que no es tan fácil sabes… ¿te acuerdas de la historia triste que no te quería contar?”
Era la segunda vez que contaba la misma historia en el día. Pero en este caso, no lo hizo desinteresadamente. Al contarle todo, esperaba en Alex una salida. Apoyo y aliento para sentirse arropada en su decisión. Un “voy a por todas contigo, decidas quedarte o irte”

“Entiendo… entonces ¿qué vas a hacer?”
“No lo sé, pero cada vez tengo más claro que no puedo ser feliz si se que mi hermano y mi padre no lo son…”
“Entiendo… ¿así que te vas? ¿Y nosotros? ¿De verdad no quieres saber a dónde podemos llegar con esto?”
“¿qué?”

Un jarro de agua fría. Otra vez. ¡¡Otra vez!!

“Te conozco de dos días. ¿De verdad crees que te voy a poner a la altura de mi familia? En realidad tenía dudas… pero me las acabas de quitar todas de golpe”
“Hombre, no pensarás en tener una relación a distancia desde ese pueblo tuyo…”
“¿Desde ese pueblo mío?

Se levantó de golpe. No pudo contener esa risa nerviosa que le salía cuando las cosas le daban rabia o impotencia.

“Si es que no aprendo… venga Alex, suerte con TU vida, TU felicidad y TU meta”
“¿Te vas? ¿Así, sin más? Al menos quédate un rato y nos acostamos ¿no? No sabes lo que te estas perdiendo...”


Salió gritando de la casa “¡GRACIAS!¡¡GRACIAS ALEX!!” y cerró la puerta del piso sin mirar un segundo atrás.

miércoles, 23 de octubre de 2013

LAURA (PARTE VI)

“maldito mico…”
“¿qué? Lau tía… ¿sabes quién es?”
“Ana, necesito estar sola, vengo ahora”

Cogió una chaqueta y las llaves, sin dejarle a Ana la oportunidad de decir nada más.
Bajó andando, estaba lo suficientemente nerviosa y ansiosa por salir, que el ascensor no era buena idea.
Se fue al sitio, a su rincón de Madrid.
Estaba a unos 25 minutos de casa, pero le daba igual. Necesitaba aire. Necesitaba decidir.

Ya en el Templo de Debot y después de sentarse en el borde de la fuente, sacó del bolsillo la carta que había encontrado en la caja.
Un párrafo, el párrafo que trastocó su plan:
 “Pero tu guerra ahora, es otra. Otra diferente a la mía, cuando en esta batalla deberíamos estar juntos”

“¿y qué se supone que tengo que hacer eh?”
Cogió entre sus manos el collar de su madre que tenía colgado al cuello.

“¿No se supone que la vida es una, que hay que luchar por los sueños, que hay que escoger el camino que uno considera que le hace feliz?”

Se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta y se tumbó sobre el murete de la fuente.
El cielo estaba estrellado con una inmensa luna llena iluminando las penumbras de Madrid.

“Si tú estuvieses aquí, nada de esto sería tan difícil… mamá, necesito que me des una pista. Recuerdo cada una de las conversaciones que  tuvimos, pero me debes las que quedaron pendientes, todas las dudas que ahora tengo y no te puedo preguntar. Todos los miedos, las inquietudes, los consejos que ahora me hacen tanta falta. ¿Debo de hacer lo que debo o lo que me gustaría hacer?”

“¡Hola! ¿Estas bien?”

Una cara del revés se puso encima de la suya.
¡Era él! Con su pantalón corto de correr y su camiseta blanca.
No lo volvió a ver desde ese “no reconocimiento” en el mismo lugar.
Esta vez no podía cagarla, estaba claro.
Esta vez se debía presentar como se debe a su “vecino el guaperas”

“¡Hola! Pero… espera un momento ¿cómo sabes que soy yo?”
“¿cómo dices?”
“¡Si! Si no me he presentado cara a cara, ¿cómo sabes que soy yo?”
“¿y cuál es la otra opción si no eres tú?”

Laura se incorporó y su vecino se sentó al lado.

“¿te lo ha dicho el portero?”
“puede ser… o puede ser que al verte sepa que eres tú porque sólo tú puedes ser así”
“¿estás loco?”
“¿y tú?”

Se rascó la oreja izquierda mirándole a los ojos, y después de unos segundos, se puso el collar al cuello y siguió…

“no sabes quién soy ¿verdad?”
“no tengo la menor idea, pero te puedo asegurar que está siendo uno de los momentos más raros de mi vida…”
“¿te parezco guapa?”
“Sin duda”
“¿por eso te has acercado?”
“En realidad si hubieses sido una anciana de 80 años, creo que lo habría hecho igualmente… no me gusta ver a una mujer llorar, sea como sea”
“ah… entonces ¿no quieres ligar conmigo?”

Un silencio entre los dos, mirándose a los ojos, fijamente.
No hubo respuesta verbal.
La respuesta, en este caso, fue corporal.
Acerco suavemente su mano a la mejilla de Laura para limpiarle la lágrima que caía por el pómulo.
Apartó sutilmente el mechón de pelo hacia atrás y se acerco lentamente.

A ella le faltaba el aire. El estomago se encogió y las ganas de que la besara aumentaban a medida que se acercaba.
Ella cerró los ojos.
Él se acercó al oído.

“si considerara que tengo una sola oportunidad contigo, lo habría intentado desde el día que llamé a la puerta de tu casa…”

Laura se separó de él, lo miró y le entró la risa.

“y ahora dime, peculiar vecina alocada, ¿estas bien?”

No podía responder. La situación era tan surrealista a la par que romántica que no quería romper el momento…

“¿qué? No me mires así, ¡yo también tengo mirilla en la puerta! ¿Has cenado?”
“No…”
“vamos”

De camino al local de tacos de la calle Fuencarral, se pusieron al día de sus vidas. La conversación no fue nada del otro mundo, simplemente un “este soy yo” “y esta yo”.  Nada original salvo la absoluta sinceridad con la que los dos destaparon sus cartas de presentación.

4 horas hasta la vuelta a casa. Ni relojes, ni móviles, ni interrupciones de ningún tipo. Solo ellos.

“¿te puedo preguntar por qué estas triste?”
“eeeeehhh! ¿Y tú que sabes Sherlock Holmes? Si no he parado de sonreír ni un minuto…”
“Son tus ojos los que no lo hacen. Hablan de tristeza y miedo”
“Es una historia complicada y larga con la que no te voy a aburrir en nuestra primera cita…”
“¿cita, eh? ¿Primera? así que… ¿te gusto un poco y te gustaría repetir?”
“¡oye!”

Roja como un tomate no supo qué mas añadir.
Pero no hizo falta y tampoco le hubiese dado tiempo.
A la que agachó la cabeza el le subió la cara con la mano y la besó.
Después de desearlo durante la noche, la besó.
Un beso dulce pero contundente.
Un beso que tenía el sabor del primero y la complicidad del último.
Un beso que les hizo quedarse en silencio en el camino de vuelta a casa.
Pero un silencio cómodo. Un silencio más cómodo que cualquier palabra que se hubiesen dicho en ese momento.

Cruce de miradas, de roce de manos, de otros besos como ningún otro beso robados por las calles de Madrid…

“pues aquí nos separamos…”
“si…en realidad unos metros”
“si… que descanses. Me lo he pasado muy bien”
“Que descanses…”

Cerró la puerta de casa, asomándose a toda prisa a la mirilla.
Antes de cerrar, él miró al huequecito de la misma y le guiñó un ojo.
Cerró corriendo la tapa de la mirilla como si la hubieran pillado haciendo algo malo.

“pero ¿a ti que coño te pasa eh?”
“Hola gorda”
“Te he llamado 30 veces tía. Hace 6 horas que te fuiste y no sabía nada de ti”
“Es Manu, Ana”
“¿Qué? ¿Qué Manu? ¿De qué me estas hablando ahora?”
“La carta me la ha escrito Manu, mi hermano tía”
“¿El caniijo?… Oh Dios, Lau, ahora que lo dices, tiene todo el sentido del mundo…”
“y estas 6 horas he estado con él…”
“¿con Manu? ¿Está aquí?”
“No, con Alex, el vecino”
“¿el buenorro?”
“nos hemos besado”
“¿ya? ¿TÚ?”
“Me gusta. Mucho”
“Ay mi madre Lau… ¿y qué vas a hacer? ¿Vas a volver a casa? ¿vas con tu padre y con tu hermano a echarles una mano? ¿Te vas a quedar? ¿Qué vas a hacer con Alex?”
“Me voy a la cama gorda, buenas noches…”
“pero, ¡tía! No me puedes dejar así”

“buenas noches gorda, te quiero”

jueves, 10 de octubre de 2013

LAURA (II PARTE)

El móvil comenzó a sonar. Casi se le sale el corazón por la boca. Estaba claro que hoy era día de sobresaltos, éste menor que el de que te roben en casa, claro.

“Numero oculto… No estoy para cachondeito hoy…”

No lo cogió. Marcos, su ex novio del instituto, había dado su teléfono a todo el pueblo tras romper con ella. De hecho fue ella quien le dejó tras la pillada de “intercambio de fluidos” con Baby, la calentorra del pueblo.

El móvil de nuevo…

“Que pesados coño… ¡¡SI!!”
“¿Señorita Laura Robles?”
“Si, soy yo ¿quién es?”
“Mi nombre es Mónica, le llamo del Conservatorio de Danza. Laura, ha pasado usted la primera ronda de selección para el nuevo espectáculo de Kristian Cellini. El lunes será la ronda final. A las 12:00 de la mañana en la misma sala que hoy”
“¿De verdad? ¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¡Allí estaré, claro!”

Por fin una noticia buena hoy.
Se puso delante del espejo y con tono de burla recordaba a aquellos que la desanimaban a irse a Madrid…
“¿A bailar? ¡Tú estas loca! ¿Sabes la cantidad de gente buena que hay en Madrid…? No te van a coger nunca chalada…”
Pues para no cogerme nunca… primera prueba y primera alegría. ¡Vamos allá campeona!
Necesito aire… muchas emociones juntas hoy…

Cogió su chaqueta, sus cascos y salió a dar una vuelta por las frías calles de Madrid.
No era tarde, las 20:00 aproximadamente, y si había algo que le gustaba hacer era caminar sin rumbo sintiendo el frío en la cara. Era “su momento” del día.

“¿Y si vuelven a entrar? Se supone que la gente cuando pasa eso cambia la cerradura. Mañana hablaré con un cerrajero… Dios, ¡pero si no tengo un duro! Y encima ahora a cambiar la cerradura…”

Rondaban por su cabeza mil cosas. Hoy su momento de relax no estaba saliendo como esperaba.

“A parte de la agencia, necesito otro curro. Uno que me permita tener un extra fijo para llegar a fin de mes… esta claro que con las sesiones de fotos y anuncios temporales no me llega”

El tiempo que había pasado en Madrid había sido el suficiente para elegir su sitio favorito de la capital: El Templo de Debot. Podía pasar horas sentada en la fuente, escuchando música y viendo pasar a la gente. Le encantaba imaginar historias… ¿A dónde va la gente? ¿A qué se dedicará por la pinta? ¿Por qué están allí?
Hoy no. Hoy estaban ella y sus preocupaciones.

Miki me dijo que curraba en un bar el fin de semana… igual necesitan más camareros… Si no, el Starbucks, aunque lo de sonreír todo el día…

De pronto, su mirada se paró en la valla del fondo.
“¡¡No me lo puedo creer!! ¿Es él?… ¡¡si!! ¡¡Es él!! ¿Como se llamaba? No le puedo decir “vecino”

Levanto el brazo efusivamente y saludó como si fuera la persona a la que más quería ver en ese momento.
El joven la miró, se quedó descolocado y siguió estirando…
Laura bajó el brazo en seguida, sintiéndose la tipa más idiota del lugar.

“¿y a este idiota qué le pasa? En mi casa tan majo hace unas horas y ahora ni saluda… Todos los guapos son idiotas…”

Llegó a casa, con una sensación rara, entre miedo y cansancio.
Puso la mesa de la cocina detrás de la puerta, a modo de seguro, después de cerrar con pestillo, llaves y dejarlas colgadas en la puerta (se supone que así es más difícil entrar).

“Estoy muerta… bueno, mañana ya viernes. Mamá, vaya día. Te quiero muchísimo. Buenas noches”

El timbre…
“¡Venga hombre! ¿Y ahora qué?... ¡¡NO ESTOOOOOY!!”

Llamaron insistentemente 5 o 6 veces más, sin parar.
“¡VOY! ¡¡VOOOY!!”
“Abre perra, ¡¡que soy yo!!”
“¡¡No me lo creo!! ¿Qué haces aquí?”

Todo esto mientras quitaba el mini- fuerte que se había montado detrás de la puerta…
“Te conozco bien Lau, algo grave te ha pasado… tu no pides socorro nunca tía”

Se fundieron en un abrazo. Era Ana. No la esperaba hasta el sábado. Y allí estaba.
“¡woooow! Vaya mini palacio ¿eh?”
“ya tía, no me da para más”
“esta genial… ya quisiera yo uno para mi. Pero ¡mírate! Si parece que hasta te has hecho más mayor en estos días”
“no me hables...”
“¿una cerve y me cuentas?

Estuvieron hasta la madrugada poniéndose al día. Ana se quedó loca con lo que había pasado con el collar.
“Mañana mismo cambiamos la cerradura. Lo importante es que tú estas bien. ¿Quieres que busquemos otro piso gorda?”
“¡No! Este me gusta… además por este precio poco vamos a encontrar”
“bueno, al pastel amiga, ¿de maromos qué? ¿Cuántos han caído ya perrilla?”
“Tía, ninguno… pero me pasó algo curioso esta tarde…

Le contó la historia del vecino y lo que había ocurrido en el Templo de Debot.
“¿Entiendes algo? ¡Porque yo lo flipo!”
“Espera, espera cabeza de chorlito… ¿me lo dices en serio? ¿No has caído en lo que estás diciendo no?”

Laura se quedó mirándola con cara de “¿qué me estás contando?”

“¡¡Lau, tía!!¡¡ Él no te vio!! Le dejaste en la puerta como a un perro. ¡¡No te pone cara mamarracha!!”
“Dios… vale si, soy idiota…”


Las dos comenzaron a reírse como hacían siempre. Corrieron litros de cerveza. Fue una noche larga. Pero de esas noches que no se olvidan. Una vez más, Ana estaba allí cuando la necesitaba. Una vez más, la amistad verdadera le salvaba del vértigo de afrontar esto sola.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Abuela

Y ahora lo entiendo…
No cuando yo quise
No cuando tú me lo contaste…

Ahora, ahora que lo necesito
Ahora que lo he vivido
Ahora que no estas para agradecerte y abrazarte…

Pero estás.
Estás en cada ola del mar
En cada paso en la arena
En cada brisa marinera

Estas en las noches en las que abro la ventana y el aire fresco llena mi cuarto
Disfrutando de mis risas y consolando mis llantos.

Estas en mí, porque eres mi yo más auténtico
Estabas de una manera tan especial, que al no estar, aún estás más…

Que sabiduría la tuya…

Diste lecciones en vida, que sólo con tu partida, se han hecho efectivas
No enseñabas, contabas
No juzgabas, observabas
No odiabas, perdonabas…

Y todo con una filosofía de vida sencilla como la de una chiquilla
Una niña grande sin malear
Un alma pura sin un ápice de vanidad…

Te echo de menos mujer de ojos de mar…
Mujer de mirada triste por el sufrimiento que la vida no te dejó superar…

Te echo de menos abuela, más que al respirar
En cada alegría, en cada anécdota, en mi sueño y en mi realidad

Pero echarte de menos me refuerza, me llena de coraje
Cada paso que diste, es una lección en mi aprendizaje
Fuiste única, irrepetible, de la vida una autentica genialidad…


Abuela, lo mejor de mi vida es saber que estuviste, estas y estarás.

sábado, 31 de agosto de 2013

Mi verdad...

Sentimientos que nunca reconocí y hoy me atrevo
Cosas que quise decir y no dije
Momentos que antes fueron insuperables y hoy son intranscendentes
Decisiones…

Si miro atrás y pienso, todas ellas fueron parte de lo que hoy soy
Estoy aquí y ahora por lo que decidí
Por aquellas situaciones que pudieron ser y no fueron
Aquellas que fueron y no debieron ser

Pero me anclo al presente, al ahora
Porque los pasos de hoy serán el recuerdo de mañana
El “Sí” del momento, el acierto del futuro
La decisión del presente, la duda del ayer

Decisiones, situaciones, personas, experiencias, sentimientos…
Al final es eso, momentos, instantes…VIDA

Respira, siente, disfruta, RÍE
Pero llora, sufre, disiente, padece…
Porque todo suma, todo cuenta, todo enseña
No te cierres. Eres quien eres

Hoy me miro y por fin me veo.
Toco y por fin siento.
Me libero y por fin vivo.

Porque hoy me acepto
Me colmo de realidad, de conciencia y reconozco que No, no soy perfecta
Simplemente SOY y simplemente SER es lo más grande

Dos copas de vino y una vida de encubrimiento me destapan la mentira
Yo he descubierto parte de la mía
¿Cuánto te mientes tú?


domingo, 11 de agosto de 2013

¿A qué tiene miedo?


Estoy asqueado de todo. Otro día más de trabajo. Otro día más.
Me da la sensación de que nada me llena. Nada me sorprende. Nada me impacta.
No llego a sentir emoción. Ni amor. Ni ganas.
No recuerdo lo que es reír ni llorar. Soñar o vibrar.

NADA. Parece que he muerto.

Salgo a la calle buscando un aliciente, algo que me despierte. Que me reviva.
Pero ahí esta. La misma calle de cada día. El mismo ruido. Los coches. La gente…
Gente. Desconocidos que caminan sin prestar atención a nada. A nadie.

Y NADA. Parece que he muerto.

Llego a la oficina y allí están. Cada uno en su ordenador, pegados a la pantalla y sin levantar la vista.
Me siento. Dejo el maletín y comienzo a trabajar.
Suspiro. Las horas pasan y salgo a comer.
No tengo hambre, pero es la hora. La que marca el jefe. La que a él le parece correcta.

Y NADA. Parece que he muerto.

Alguien se cuelga de mi mano. Una mano pequeña y caliente, que aprieta la mía y me tira hacia abajo.
“señor, un secreto”
Me hizo un gesto con la otra mano para que me agachase.
Poniendo la mano en mi oído susurró “¿a qué tiene miedo?”
Y se fue. Me dio un beso en la mejilla y se fue al lado de una joven indigente que parecía ser su madre.

¿A qué tiene miedo?
Esa frase retumbaba en mi cabeza como si estuviese constantemente susurrándola al oído…
Aquella pequeña criatura de apenas 8 años descolocó mi hastío con 4 palabras.
“¿A qué tiene miedo?”

Abrí una botella de vino al llegar a casa.
Reflexioné. Pensé. Medité…
Una noche entera sin dormir y no tenía respuesta…
“¿A qué tengo miedo? A las arañas, al paro, a una enfermedad letal, a quedarme solo…
Hay muchas cosas. Pero ninguna me permitía cerrar los ojos y dormir.

La mañana siguiente me levanté de un salto de la cama.
Por la misma calle, por el mismo cruce, por el mismo trazado de cada día.
Busqué a aquella pequeña criatura de manos pequeñas que consiguió quitarme el sueño.
Allí estaba. A la puerta del mercado donde estaba el día anterior. Junto a la joven.

Me acerqué con respeto y le pedí permiso a su madre para hablar con ella. Asintió.

  -   “pequeña ¿cuál es la respuesta?
  -   “¿a qué tiene miedo señor?”
  -   "A muchas cosas"
  -   “¿Cosas que le pasan ahora?"
  -   “cosas que me dan miedo que pasen”
  -   “¿ve usted el futuro señor?”
  -   “jejeje. No pequeña”"
  -   "entonces si no pasan esas cosas, a usted lo que se le está pasando es la vida”

Me dio un abrazo y volvió a preguntar 
            -  “¿A qué tiene miedo señor?”
Le cogí la manita pequeña y mirando a sus grandes ojos pude contestar
            -  “A no vivir”

En ese momento un “clic” en mi cabeza cambió.
Mi revivir no lo trajo el dinero, el trabajo o la ambición…
Lo trajo una pequeña, desinteresada y llena de sabiduría interior que encontré un día por la calle.
La misma calle que cruzaba cada día.
En la misma esquina donde ella estaba siempre y nunca me había parado a mirar.

Ahora mi vida es mía.
Nada es lo mismo porque nada es igual.
Observo, no miro.
Disfruto, no cumplo.
Me reto, no me obligo.

Y a usted le pregunto “¿Cuál es su miedo señor?”




domingo, 14 de julio de 2013

Historias

Hay historias que no deberían ser contadas
Historias que han de quedarse dentro de nosotros y no salir nunca
Experiencias que marcan
Conversaciones que se graban
Sensaciones
Nuestras historias y de nadie más 

Hay historias que no pueden ser contadas
No las entenderían
No las sabríamos explicar
No las sabrían valorar
No tendrían nada que aportar al oírlas
Ni tu nada que ganar al contarlas

Hay historias que no pueden no ser contadas
No sabríamos vivir sin ellas
El sentido que ahora tienen algunas cosas no sería el mismo
Marcan el pasado
Se hacen significativas en el presente
Serán recuerdo de los nuestros en el futuro

Hay historias, miles, millones...
Historias reales, ficticias, divertidas, nostálgicas, anecdóticas...
Historias de vivos y muertos
De lo que pasó y pasará
De quién ganó, quién se enamoró, quien sufrió

Al final historias que llenan una vida
Una vida que puede ser de hastío, rutina, crisis, drama...
Una vida de princesas y dragones, guerreros y héroes, de comedia e intriga

Historias... 
Eres el protagonista de la tuya
Así que escribe la historia que te apetezca leer






domingo, 19 de mayo de 2013

Cupido


No entiendo nada…
Pero nada de nada
Pasa una y otra vez
y vuelven a hacer lo mismo

Mira que lo intento, que les pongo en sus narices lo que piden
Pues nada… ahí van, a lo complicado

“por favor: quiero un hombre bueno, que me quiera, que me cuide, que me haga reir, que me respete… no hace falta que sea Brad Pit, pero sí que sea mono…”

Escucho que el otro día le dice a su compañera: “pues Javi tiene algo eh…”
Así que saco el arco, la flechita Javi se lance, le pida una cita, salgan a cenar, sale todo perfecto y al día siguiente…
-          ¡¡oye!! ¿Qué tal con Javi tía?
-          Jo… es taaaan mono, que no duraría con él ni una semana…

¡¡¿QUÉ?!!
No hay quien os entienda mujeres…
Así que probé con un hombre, un joven normalito, escucho:

-          ¡Tío, tío! ¿Has visto a la nueva? Uffff… ¡está para mojar pan!
-          ¡Ya ves! Lo que pasa es que juega en otra liga… seguro que no se fija en tíos como tú o como yo…

Bueno, pues voy al pibón, saco el arco, le tiro la flechita, y cita al canto…
En esta cita no daré detalles del final…
Sólo diré que acabaron muy “junticos”
Bueno, pues escucho:

-          ¡ehhhh! ¡gañan¡ ven aquí que de los detalles no te escapas fiera…
-          ¡BUÁ! ¡Espectacular! Que boca, que tetas, que culo… ¡tío, una diosa!
-          ¿y qué? ¿habéis vuelto a quedar?
-          ¿con quién? ¡¡ah!! No… ¿para qué? Si ya tengo lo que quería…

Dios mío… me diste alas y un arco con flechas
Me podías haber dado también la capacidad de entender a esta especie…
A ver esta que tal…
Es guapa, buen tipo, está sola y leyendo en el parque…
Y aquel parece de su tipo…
Saco el arco, la flechita y disparo

-          ¡hola!
-          ¡hola!
-          ¿te molesto si me siento aquí?
-          No claro… y que tal si me miras las tetas, o luego me pides mi número como si no vieras más allá de mi cuerpo, que total, ¿para qué perder el tiempo en hablar no? ¿no prefieres que nos encerremos en el baño público y nos demos un revolcón? ¿o quizá más morbo detrás de un seto… que además como llevo falda, es sencillo…?
-          Vale…

Mira, no puedo más… ¿pero qué es lo que quieren?

-          Hola, soy Cupido, perdona que te moleste… es que… ¿me puedes contar por qué has reaccionado así con el chico que se ha acercado antes?
-          Cupido ¿eh?
-          Si… ¿qué tipo de hombre buscas? Es decir, cuando te planteas una relación ¿cómo quieres que sea?
-          No lo se… normal, con un chico que me quiera, me cuide…
-          Te haga reír, te respete, te haga sentir bien… blablaba… pero en serio… ¿qué?
-          ¿y tú eres un ángel?
-          si
-          ¿y tú puedes tener relaciones?
-          No, soy un ángel
-          Pues te quiero a ti… seguro que yo te conquisto Cupi… puedo hacerte taaan feliz, que conozcas placeres que nunca antes has conocido, a darte todo lo que quieras…

(Cupido saca el arco y una flecha, se apunta a la boca y dispara, convirtiéndose así en uno más de la rara especie humana, entendiendo por fin qué es lo que ocurre…)
-          ¡Aaaaah! Lo imposible, lo difícil, lo extravagante, lo inexistente, lo irreal… eso es lo que quieren. Teniendo mil y una posibilidades ¡es lo complicado!
-          ¿Entonces qué me dices Cupi? ¿nos hacemos novios, ángel mío?
-          ¡Si! Como ya no soy un ángel… por probar…
-          ¿¿¿Qué no qué??? Venga… hasta luego pringao…