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martes, 15 de octubre de 2013

LAURA (PARTE IV)

“Anda que… a ti ya te vale ¿eh? ¿Dónde estabas?”
“Lo siento gorda… Me ha pasado algo bastante raro, la verdad”
“¿me lo puedes contar comiendo? Tengo el estómago que no para de hacer “gru-gru”

Llegaron a un japo que está cerca de la plaza de Santa Ana.
Laura la puso al día de su extraña mañana y se centró sobre todo en aquella anciana que se había ganado su curiosidad y cariño en tan poco tiempo.

“Siempre has sido demasiado sensible tía…”
“Que no Ana, tenías que haberla visto… tiene algo, en serio”
“¿Arrugas?”
“De verdad que no se te puede contar nada en serio, ¡todo te lo tomas a coña!”
“no te enfades… es que siempre te pasan cosas de estas y siempre acabas metiéndote en unos fregaos emocionales que “pa´que”

Estaban por el primer plato, cuando dos chavales llegaron a su mesa de cuatro personas.

“¡Hola! Disculpad chicas, ¿os importa que compartamos mesa? Es la única posibilidad que nos dan, todo está lleno”
“¡Claro chulazo! Sentaros a nuestra vera…”

Ana tenía una facilidad de tratar al género masculino que no era ni medio normal. La verdad que en ese sentido Laura era más tímida.

“Gracias…”

La verdad que el chaval no estaba nada mal y a Ana le había faltado tiempo para darse cuenta. Alto, ojos verdes, buena planta… no, no estaba nada mal. ¿Su amigo? Ni se fijaron en él. Del montón. Saludó con un tímido “Que hay” y se sentó sin mediar palabra al lado de Laura.

Ana hizo ese gesto habitual en ella de abrir mucho los ojos y sacar morritos… Ese que siempre hace cuando algo o alguien le gusta y no puede decirlo.

“Bueno, pues lo que te decía, María tiene ángel…”
“Si, claro que si… Oye moreno, y ¿Solís venir mucho por aquí?”
“La verdad es que no, hemos acabado aquí de casualidad…”
“¡¡como nosotras!! Mira que es sabio el destino…”

Ya está. Ya no existía nadie más en la mesa. Se pusieron a hablar entre los dos, dejando de lado a Laura y el chavalin tímido.

“Pues se ha quedado buena tarde ¿eh?”
“Si… ¿siempre te hace lo mismo?”
“Siempre. ¿A ti?”
“Si. Y la verdad que siempre acabamos igual. Me enfado con él, me pide perdón, me asegura que no volverá a pasar y siempre pasa igual”
“Si, jejeje, se bien lo que me dices. ¿No te pasa que cuando salís por la noche le da igual cómo sea la chica, que se pone a tontear con ella?”
“¡Si! Que yo pienso “mira que estoy desesperado, pero vamos, ni con un palo…”
“jejejejejeje”

Se generó de repente una complicidad entre los dos brutal.
Tanto, que hasta Ana y su nuevo ligue de ojos verdes dejaron de hablar entre ellos, intentando entender porqué aquellos dos se reían tanto.

“Bueno qué tortolitos… ¿por qué tanta risa?”
“Nada Ana, nada ¿has terminado? tengo que seguir con la ruta…”
“Si, si. Vamos. Bueno Jose, lo dicho, nos decimos algo esta semana. Guárdate el número bien ¿eh?”

“¿Espero que no te parezca inoportuna la pregunta Laura, pero qué ruta estas haciendo?”
“Tranqui Juanma. Estoy buscando curro. Necesito un trabajo a media jornada que me suponga un respiro para llegar a fin de mes”
“¿Estas de coña? ¡¡Es la leche!! Estoy buscando recepcionista en mi clínica de fisioterapia por las tardes. Sería  de 4 a 9”
“¿Qué? Jejeje, hay Juanma, qué curioso el destino a veces… ¿y cuándo dices que empiezo?”
“¡Mañana mismo! Pásate como a las 3 y así te explico todo con calma, aunque es muy sencillo. Mira, en  la tarjeta está la dirección y mi teléfono. Generalmente hago la típica entrevista aburrida de trabajo, pero me voy a fiar del buen rollo que me transmites”

Que maravilla cuando la vida se pone a favor de uno. Dicen que después de la tormenta llega la calma y todo parecía indicar que le tocaba “la calma” a Laura.

“¡Super majo tía! Y mira que yo no soy muy de calar a la gente de primeras, pero este chico tiene rollo…”
“Lau, de verdad, este chico era un soso y punto. Ni si quiera estaba bueno”
“Gorda, por favor, ¿podrías dejar de pensar por un segundo en guarrear con chicos y escuchar? ¡Que me ha ofrecido trabajo!”
“¿En serio? ¡¡Enhorabuena!! Fíjate que ya me parece hasta un poco más mono…”
“Espera, espera…”

En el descansillo de casa se pararon en seco. Laura estaba blanca.

“otra vez no… no me lo puedo creer…”
“¡Tía! ¿Dónde crees que vas? ¡¡Lau!! ¿Y si hay alguien?”
“Pues si hay alguien me va a oír… ya esta bien ¿no?”

Entró decidida aunque, para qué mentir, acojonada, en casa. En esta ocasión, sólo estaba la puerta abierta. Los muebles intactos. No parecía haber nadie… hasta que se cerró la puerta del baño”

“¿Quién está ahí?” (Cogió el rodillo de amasar de  la encimera) “sal que te vea cabrón”

Un señor de unos 50 años aproximadamente vestido con mono azul salió del baño… con las manos en alto.

“¿Señorita Laura?”
“¿Y usted quien es y qué hace en mi casa?”
“Lo siento muchísimo señorita. Soy el portero. Discúlpeme, no solemos entrar en las casa a no ser que sea una urgencia. No tengo su contacto. Y está inundando la casa del vecino de abajo, porque no ha cerrado bien el grifo…”
Laura miró a Ana que estaba asomada en la puerta de la entrada…
“UPS…”

“Lo siento mucho, disculpe por las molestias…”
“No hay problema, pero tendrá que hablar con el vecino para la reparación. Por cierto, le ha llegado un paquete esta mañana a la conserjería y tiene el buzón lleno señorita…”
“Vaya… si, lo siento, soy un desastre, espere que le acompaño y así me da el paquete”

De la que salía Ana se apartó de la puerta con cara de disculpa…
“Tía, lo siento, la resaca…”
“Shhh… ya hablamos luego…”

Llegando a la conserjería después de un incomodo silencio de 10 minutos…
“Pues fíjese que es raro, porque un paquete… no creo que mi padre me haya mandado nada… ¿Y lo trajo un mensajero?”
“No, no. Un chaval que dijo que te conocía. Mira, este es”
“¿un chaval? ¿No le dio ningún nombre, o un sobre, o algo…?”
“sólo esto…”

De camino a casa desenvolvió el paquete de color azul. Ni nota, ni sobre… nada.
Sólo una caja. Negra. Del tamaño de un folio. La abrió….

“No me lo puedo creer… ¿Qué broma macabra es esta?”
El collar que le habían robado de su madre.


jueves, 4 de abril de 2013

"M" esto termina...


Le conté a Tomy por encima lo que había pasado ayer y le pedí que me acompañara al psiquiátrico a ver a M.
Sonó la alarma de clase y salimos escopetados

CAPÍTULO 4

“pero tío, ¿y si todo es un plan para matarnos ahora?”
“¡o para comerte! Seguro que cuando te vea, se le cae la baba de la grasota que tienes ahí… ¡¡MIERDA!! Se me ha olvidado la comida… hay que dar la vuelta Tomy, tengo que llevarle algo”
“tranqui,  la bolita siempre tiene recursos, sigue adelante”

Llegamos. Esta vez a pata, sin bici… chorreando y Tomy al borde del infarto

“¡¡M!! ¡¡Estamos aquí!!”

No contestaba
Me empecé a rallar…
¿Se había ido?
No podía ser, además ¿A dónde?
¿Lo habría encontrado la poli?

“Tomy, busca en esta planta, yo subo a la segunda”
“eh! ¡¡Tío!! ¡¡No me dejes solo que me cago!!”
“¡¡TOMY!! Te juro que te dejo aquí encerrado y sabes que lo hago. Así que no me jodas… ¡¡BUSCA!!”

Subí las escaleras gritando…
Nada
Ni una señal de M.

De pronto un susurro que venía de una de las habitaciones del fondo…

¡chaval!

La voz era muy suave, quebrada, sin fuerza

“¿M? ¡VOY!”

Entré en la habitación y allí estaba, debajo de un montón de escombros
Miré hacia arriba y el suelo de la tercera planta se había derrumbado
Su cuerpo estaba cubierto de maderos y yeso por todos lados

“¡¡TOMY!! ¡¡CORRE!! ¡¡AYUDAME!!”
“Chaval, pensé que no ibas a venir…”
“No hables M, te vamos a sacar de aquí”

Cada madero que quitaba, M se dolía… había kilos y kilos encima de él
Entre Tomy y yo no éramos capaces de mover la inmensa viga…

“llama a los bomberos Tomy, y a una ambulancia”

Tomy salió del edificio porque allí no había cobertura

“tranquilo M, va todo bien, en seguida vienen”
“¿Qué pasó con la tetas chaval?”
“la puse en su sitio ¿sabes? Le dije “que te den””

Se reía como podía entre gemidos y carraspeos

“bien hecho chaval. Ya encontrarás una que valga la pena”
“M, ¡mi padre quiere publicar tus escritos! Tienes que aguantar, ¡tu vida va a dar un giro! Estoy convencido”

Sonrió y me miró
“vaya huevos tiene tu padre… ¿Quiere publicar mi mierda, en serio? Ahora entiendo de donde vienen los tuyos”

Cerraba los ojos cada vez más rato
Había visto en las pelis, que cuando alguien está muy mal, no hay que dejarle dormir…

“M, no te puedes dormir… ¡mira! Tomy te ha traído bollos y zumo”

Abrió los ojos de inmediato

“acércamelo a la boca chaval”

Tenía el cuerpo cubierto hasta el cuello
Le conseguimos quitar lo que tenía encima de la cabeza pero con el resto no podíamos…

“TOMYYYY!! ¿¿QUE PASA CON ESOS BOMBEROS??”
“que se están acabando los anabolizantes de la comida… escucha hijo, no va a venir nadie…”
“pero estamos llamando, sólo que tardarán un poco”
“Escucha. Si te llama una albóndiga por teléfono y te dice con voz de niña “un viejo se esta muriendo en el psiquiátrico abandonado…” ¿irías?”
“¡¡CLARO!!”
“Ves cómo eres un tarado… escucha chaval. Todos mis escritos están en la mesa de la habitación 212. Cógelos y haz con ellos lo que quieras. Eres un buen chico. Haz que cada día cuente. Aunque creas que no, yo miro atrás y pienso “M, cómo has vivido cabrón””

Y murió
Dejó de respirar, con un trocito de bollo en la boca
Murió

Tomy llegó corriendo… a su manera

“ya vienen tío”
“tarde”

Algo cayó por mi mejilla…
¿Una lagrima?
No me lo podía creer, ¡¡si lo conocía de un día!!
Me la sequé sin que Tomy se diese cuenta

Cerré los ojos a M
Parecía que seguía vivo
Le dejé un bollo al lado y me levanté

“ven Tomy, tenemos que coger algo y largarnos”
“¡pero van a venir los bomberos! Tenemos que esperar y contar que ha pasado”
“¡VAMOS!”

Cogí los escritos de la 212 (que no eran muchos) y nos largamos de allí


CAPÍTULO 5

Tomy y yo estuvimos un buen rato sentados en aquella roca sin cruzar palabra…
No podía entender cómo en el momento que parece que conozco a una persona interesante en mi vida, ha muerto, además de esa manera.
¿Sería gafe?

La verdad es que nunca he tenido muy buena suerte en estos 16 años…
Pero entonces, el techo se me habría caído a mí, no a M.

“tío, me tengo que ir a casa… mi madre estará preocupada y es la hora de la cena. Lo siento mucho”
“vale. Mañana nos vemos”
Cuando se estaba alejando pude gritar:
“Tomy, gracias”

Alzó el brazo y se fue

No tenía ganas de pisar mi casa
De ver a mis padres
Además tendría que contestar a un montón de preguntas de “¿por qué no ha venido tu amigo?” y cosas así, para las que en ese estado de ánimo no estaba preparado.

Abrí la mochila y saqué el cuadernillo de M.
Eran relatos cortos, la mayoría hablaban de una mujer
Un poema me llamó la atención, en especial las últimas líneas:

“La vida te dí aún sabiendo la consecuencia
Tu frialdad marchita la fortaleza de mi inocencia
Te quiero, me matas
Te amo, me odias
Me muero… tu ganas”

Seguro que hablaba de la culona que me había contado
¿Qué clase de mujer era?
No hay que juzgar sin saber las dos versiones… pero no podía evitar tenerle asco sin conocerla.

En la última hoja de los escritos, había una dirección
“c/ de los almendros nº 17”

¿Qué? ¡¡Pero si esa era esta calle!!
El psiquiátrico era el número 14… así que sería la casa que estaba al otro lado de la calle.
¿Por qué tenía M. esa dirección apuntada?
¿Quién vivía ahí?

De pronto, una sirena de bomberos
Miré hacia el número 17 pero estaba rodeado de arbustos altos
No conseguí ver nada
Me fui para casa por evitar problemas

Al llegar a casa, lo esperado

“cariño, ¡la cena esta lista! ¡Estofado! Tu favorito”

Mi madre tenía esos extremos: o estaba sobada y drogada de pastillas, o estaba eufórica.

“no tengo hambre mamá, subo a hacer los deberes”

El que faltaba, ahí estaba en el sofá, con su vaso de coñac en la mano y las gafas puestas

“eh, eh!! Un momento jovencito. Ven aquí.”

¡Qué pereza…! A ver que me invento ahora

“Papá. ¡Es verdad! ¿Qué tal con Miguel?”
“¡Muy bien! Un tipo muy interesante la verdad… tanto, que no apareció”
“¿Cómo? ¿Y eso?”
“No lo se, dímelo tú”
“¡Yo cómo lo voy a saber! No tengo ni idea… ¿No te llamó?”
“No”

Mi padre cada vez estaba más mosqueado.
Entrecerraba los ojos, como analizándome cada gesto, cada palabra, cada vez que tragaba saliva…

“¡AH! Será porque igual al haber llegado de Londres, aún no tiene teléfono en España”
“Si, será. Y tú ¿dónde has estado hasta ahora?”
“Con Tomy, hemos ido a dar una vuelta por el pueblo”
“Y no quieres cenar, claro…”
“Es que mañana tengo examen de mates. Odio las mates, sabes que me cuestan muchísimo”
“Muy bien, pues hasta mañana hijo”
“Hasta mañana papá. Hasta mañana mamá”

Subí las escaleras y cuando estaba por la mitad mi padre me dijo

“¡Ah! ¡Una cosa! Mañana hijo, es sábado”

Llegué al cuarto y cerré la puerta, con pestillo
¿Por qué los padres lo saben todo coño?
No hice ni un gesto, ni nada raro…
Y ya se había dado cuenta de que pasaba algo

Me dí una ducha de agua hirviendo
No podía dejar de pensar en la cantidad de cosas que habían pasado en mi vida en tan sólo dos días…
Lo que comenzó como una aventura de chavales había terminado con una muerte
Ahora si me empecé a rallar con lo que había dicho Tomy… ¿cuánto nos puede caer si a la policía le da por investigar y se enteran que estuvimos allí, y no esperamos como testigos?

Sentía algo
No sabría explicarlo, pero era una especie de malestar mezclado con inquietud
No solo por la muerte de M.
También porque dentro de mí había algo que me decía que esto no podía terminar así
Esa dirección
Además, si era escritor, debía de tener  más textos en algún lado…

Pues si mañana era sábado, mañana era el día
Llamé a Tomy

“Tomy”
“tío, que susto, estoy cenando, ¿qué quieres?”
“Mañana a las 10 de la mañana en la roca de hoy”
“¿estás loco? ¡No podemos acercarnos por allí!”
“a las 10”

Sabía que iría. Tomy era un cagón, pero era leal.
Por supuesto no dormí nada, otra vez, aquella noche
No dormir no ayuda a pensar, la verdad
Y más por la noche
Por la noche todo parece más grave, aunque en este caso lo era
Muerto

Releí los textos una y otra vez
Eran muy profundos y a la vez oscuros
Hablaban constantemente de sufrimiento, muerte, dolor y desesperación
Pobre M.
Lo que habría sufrido por aquella zorra.

Sonó el despertador y yo me había quedado dormido sobre la mesa
Dios… había babas en una de las hojas y no me podía doler más el cuello
Me duche, me vestí, desayuné rápido y sin ver a nadie en casa, me fui

Cuando estaba llegando a la roca, vi que el psiquiátrico estaba acordonado, pero no había nadie
Cuando se trata de un simple mendigo, no es interesante
Bueno, miento, unas líneas en el periódico del pueblo que decían “encontrado mendigo aplastado por escombros en el antiguo psiquiátrico del Santo Padre. Se desconoce la identidad”
Fin

M. debió morir con algo más de 70 años
70 años resumidos para el mundo en dos líneas de un periódico de pueblo
Me negaba

Llegó Tomy muy acalorado, pensé que porque como siempre, le habría entrado el asma por venir corriendo
Pero no

“Tío, mi madre sospecha algo…”
“¿qué?”
“¡¡que sí!! Ayer, después de todo lo que había pasado, no tenía mucha hambre, así que solo comí 2 platos de pasta y postre”
“¡joder! Recuérdame que no te invite a comer nunca… ¿y por qué sospechó?”
“¡¡porque no probé la carne tío!! Ni un poquito, la conciencia no me lo permitía…”
“¡pero tomaste postre! Tomy eso ¿qué tiene que ver con sospechar?”
“Me preguntó qué había hecho toda la tarde, le dije que había estado en tu casa y ella me dijo que no le mintiera, que había llamado a tus padres y que allí no estábamos…”

Mierda. Ahora entiendo la cara de mi padre ayer

“Tomy… a veces creo que eres idiota… ¿a quién se le ocurre? ¡Eso se comprueba con una simple llamada joder!”
“yo que sé, me puse nervioso… la cosa es que hoy solo puedo estar contigo hasta la 1:00”
“bueno, pues al menos aprovechemos el tiempo que tenemos”

La vista era perfecta a la dirección que había apuntado M. en la libreta
Además, podríamos también controlar si había movimiento en el psiquiátrico

“¿qué crees que es?”
“¿El qué?”
“Lo que hay en la casa”
“un tesoro”
“¿en serio?”
“¡¡yo que sé bola!! Cállate ya y estate atento”

Pasaron dos horas mirando aquellos setos altos que cubrían la verja de la casa, y nada
De vez en cuando un vecino
El cartero, pero dejó las cartas en el buzón
Una vieja paseando a su perro…

“Me tengo que ir. Si ves algo, avisa”
“Y tu intenta cagarla lo menos posible con tus padres mamón”

Me quedé sólo
No había movimiento y la intriga me podía
Me acerqué mirando a ambos lados de la carretera
No había moros en la costa
Introduje dos dedos en la rendija del buzón y saqué una carta que escondí rápidamente dentro de la chaqueta
Cuando fui a coger la segunda se abrió la puerta de la entrada

“¡Dios mío! ¡Qué susto me has dado! ¿El nuevo jardinero, verdad?”

Ufff… Era preciosa. Aquellos ojos negros y su larga melena morena
De pronto se detuvo el tiempo y solo pude contestar con un “si” que a penas se escuchó

“Pasa, pasa. Está mi hermano dentro. Él te explica todo”

Cerró la puerta y yo estaba invadiendo una casa ajena, haciéndome pasar por un jardinero que solo rezaba para que no llegara antes de conseguir salir de allí sin meterme en líos.

“¿Marcos?”
“¿si?”

Se refería a mí, claro, a “Marcos el jardinero”
La madre que parió al hermanito de la morena… ¡parecía el primo de Zumosol!
Yo creo que de un soplido me revienta

“Pasa, que te enseño la casa”

Gente de pasta, sin duda
Piscina grande, inmenso jardín lleno de rosales y setos perfectamente podados, una casa enorme de 3 plantas, o eso parecía desde fuera…

“te explico: en la parte de afuera es sólo mantener todo bien podado y regado, en el jardín de dentro el trabajo es  más complicado, pasa”

Oh, oh… Estaba dentro. Quería y no
Si me pillaban la liaba, pero en realidad no podía ser más útil aquello que estaba pasando para descubrir qué ocurría en aquella casa… quienes eran y sobre todo qué tenia que ver con M.
“Es el jardín japonés de mi tía… siempre ha sido muy espiritual, muy Zen. Ya te explicará ella cómo hacerlo porque yo no tengo ni idea. Ah! Mi nombre es Alejandro, un placer Marcos. Todo tuyo”

Me dejó sólo en aquel salón donde podría caber perfectamente mi casa entera
Había marcos de fotos en las que salían los dos hermanos junto a sus padres
Observé que no había ni una sola foto de ellos de pequeños
Analicé cada rincón de la casa, al menos de la parte de abajo

Era sobria, pero de esas que con poco que hay, sabes que es bueno, de nivel
De pronto unos pasos por la escalera

“Hola muchacho, tu debes de ser el jardinero, me ha avisado mi sobrino Alejandro que estabas aquí”

Una señora tipo folclórica, de unos 50 años, con el pelo como un león, oliendo a laca y pachuli y con una bajada de escaleras a lo vedette…que vaya toalla…

“Hola señora. Encantado. Soy, soy…”
 (¡Mierda! ¿Cómo era? ¿Mario? ¿Manuel?)
“Marcos, lo sé, me lo ha dicho Alejandro… tranquilo chico, causo ese efecto en los hombres… se les olvida hasta el nombre”

Casi se me escapa una carcajada
Hay gente que o no se ve en el espejo, o no asimila la edad, o tienen la vista desviada… porque de verdad, mira que con 16, hasta los cocos de una palmera te excitan, pero aquella señora, era una muñeca hinchable deformada.

“si, debe ser”
“Mira muchacho, te voy a explicar cómo va esto… desde que encerramos a mi hermana, esto es algo casi sagrado”

Empezó a hablar como 20 minutos ella sola…
¡¡Qué pesada!!

“muy bien señora, pues mañana a la misma hora vengo con las herramientas necesarias y el material para podar”
(¡¡Yo que sé!! Tenía que salir de ahí antes de que me descubrieran)
“Mañana te veo cariño, a la misma hora…”

Y me guiñó el ojo de una forma muy… ¿cómo decirlo suavemente…? ¿Vomitiva?
Sonó el timbre

“¡Ay! Cielo, ¿de la que sales podrías abrir? Debe ser mi sobrina”
“claro”

¡Coño! ¡El jardinero de verdad!

“Hola buenas tardes, ¿Marcos el jardinero, verdad?”
“si, el mismo”
“Marcos, ya está solucionado el problema, perdona por las molestias, pero se va a encargar mi tío que le encanta todo esto, lo siento. ¡Gracias!”

Le cerré la puerta en los morros
Se fue cagándose en todo, claro
Esperé tres minutos y me fui, sin hacer ruido, abriendo la puerta despacito y cuando la iba a cerrar…
Ahí estaba ella de nuevo, mi morena…

“¡Hola! ¿Aún sigues aquí?”
“¡si! Pero ya me iba… mañana vuelvo a la misma hora. Así he quedado con tu tía”
“¿y ahora a donde vas? ¿Vuelves a la roca a espiarnos?”

Me quedé blanco… me temblaron hasta las piernas…


CAPÍTULO 6

“¿Qué? No… no se de que me hablas…”
“Sí, desde aquella de allí, además hace varios días que te veo rondando por aquí”
“No, bueno, es largo de contar…”
“ya claro, venías a ver a mi padre ¿no?”
“¿tu padre? ¡Para nada! No lo conozco de nada… venía a ver a un mendigo que estaba en el hospital psiquiátrico escondido… pero sólo pude verlo dos días, porque ayer lo aplastaron los escombros del centro…”

De pronto la chica se derrumbó… literalmente
Cayó desplomada al suelo
Comencé a darle palmaditas en la cara

“¿eh? ¿Estás bien?”

Abrió los ojos y me dijo

“Sácame de aquí”

Se levantó entre lagrimas y me llevó derecho al centro S.P
Atravesamos el cordón de seguridad y comprobamos que nadie nos observaba
Una vez dentro, no paró de preguntar y mirar cada rincón

“¿Qué sabias de él?”
“¿De M.? Era un tío cojonudo, lo poco que vi…”

Se giró de golpe y me atravesó con la mirada

“¿M.?”
“Bueno, se llamaba Miguel, pero firmaba sus escritos como M.”
“M…”

Se quedó un rato pensativa
“¿Qué más sabes?”
“Hace 7 años que vivía aquí… por lo visto tuvo hijos, aunque no se cuántos… Estuvo con una mujer que le hizo mucho daño. La frase literal que me dijo fue: “cuando consiguen lo que quieren, ya no les vales” me dejó marcado la verdad… aquella tía debió de ser una cabrona con él”
“¡EH! ¿Acaso la conociste? ¿Sabes algo de su vida a parte de lo que te dijo el mendigo ese? ¡¡Ten respeto niñato!!”
“per… perdona…”

Se puso como una fiera, no entendí nada…

“Lo siento”
“tranquila, es solo que… no se… ¿lo conocías o algo?”
“no directamente…”

Se levantó y se fue derecha a la puerta

“ven”

Me llevó hasta su casa
La loca de su tía la “cachonda” estaba con la música a tope y el primo de Zumosol en el gimnasio
Abrió una puerta que parecía un armario pero que llevaba a un sótano
Cerró desde dentro

El sótano era un trastero en realidad
Bicis, aparatos de gimnasio, estanterías, libros apilados… nada raro

“mira esto”

Abrió una caja llena de papeles

“ajá… ¿Quieres que los tire?”
“¡¡quiero que lo leas!!”

Cogí uno de ellos. Estaban escritos a mano… aquella letra…

“¡¡UN MOMENTO!! ¿¿¿Qué???”

“Me llamo Laura Martínez Santos. Tengo 16 años y hace 11 que no veo a mi padre, Miguel. Mi madre se quedó muy tocada tras el divorcio. Actuaba de una forma muy paranoica, hasta que un día llegó mi tía con mi tío a casa contando no sé qué historia de que “mamá se va por un tiempo a ponerse buena a un sitio donde la van a tratar muy bien” Así que mi padre muerto y mi madre encerrada en un psiquiátrico…”

Se sentó en las escaleras, mientras yo no podía ni tragar saliva

“Mi madre nunca me dijo dónde se había ido mi padre y yo era muy pequeña como para acordarme de su cara… quitaron todas las fotos de la casa en las que aparecía él. Mi tía nunca me contó nada… pero aquel mendigo del centro… siempre estaba en aquella ventana observando nuestros pasos… al principio me daba miedo, pero había algo en él que me resultaba familiar…”

“Laura… ¿crees que tu padre era M.?”
“Ahora no lo creo… ahora lo sé. Mi madre dejó esa caja olvidada en un armario de uno de los cuartos de arriba, después de quemar todas las cosas de mi padre. Cuando la encerraron, de casualidad la descubrí. Empecé a leer aquellas historias, tan parecidas a la vida que en mi cabeza y con muchas lagunas recordaba. La escondí aquí antes de que mi tía la descubriese. Ella no baja aquí porque dice que los ácaros le marcan las arrugas…”

“Pero… ¿nunca hablaste con él? ¿Nunca te acercaste por curiosidad?”
“No. Tampoco él lo hizo… y lo mío, al fin y al cabo, era una intuición… lo suyo era certeza”

Madre mía. Mi cabeza iba a explotar de tanta información junta a la vez…
Ordenemos: M. padre de Laura y Alejandro, se va al psiquiátrico una vez que se ve en la ruina tras el divorcio con su mujer, por seguir de “cerca” la vida de sus hijos.
Su mujer, loca y encerrada deja a sus hijos en manos de su hermana y su cuñado antes que en las de su propio padre.
Laura por orgullo o temor, aun intuyendo que podría ser su padre, nunca habló con él pasados los 5 años…
Y yo… ¿¡¡yo dónde coño me había metido y qué pintaba ahí!!?

“Me voy a ir… creo que estas cosas uno las pasa mejor estando solo. Sobre todo porque no me conoces y querrás desahogarte”
“¿y ya está? ¿Te vas conforme así?”

La miré como diciendo “no te entiendo”

“coge la caja súper espía”
“¿me la das?”
“seguro que él querría que la tuvieras tú, sino, no te habría dado esta dirección ni querría que conocieses su historia”
“bueno, en realidad tenía pensado publicar un libro con sus escritos y si a ti te parece bien…”
“ahora si, ya sobras aquí. Coge la caja y márchate. Y como vuelva a verte rondado por aquí le digo a mi hermano que te dé una paliza que no te vuelves a levantar en tu vida”

Vaya tía rara…
¡¡Qué cambios de humor coño!!
Pero en el fondo me había dado lo que quería

Llegué a casa eufórico y esta vez sí, muerto de hambre
Oí a mi madre en la cocina hablando por teléfono

“ah ¿si? Pues mira, ahora acaba de llegar, gracias Carmen”

¡Mierda! La madre de Tomy

“hijo, llevamos esperándote 2 horas y has salido de casa sin decir nada por la mañana… tu padre quiere hablar contigo. ¿Qué llevas ahí?”
“ahora te lo explico mamá. También quiero que lo escuches tu”

Senté a mis padres en la mesa del salón y les dije que el escritor conocidísimo que se iba a reunir con mi padre, había fallecido, pero que había dejado sus escritos en la caja que yo traía.

“Dios mío… pobre señor… ¿y fue un infarto dices? Si es que este ritmo de vida va a acabar matándonos a todos…”

Mi madre y sus observaciones súper útiles

“Lo siento hijo, pero no puedo publicar algo de un fallecido si no tenemos el permiso del mismo”

Me entraron calores y agobio de golpe
Me quité la chaqueta y ahí estaba, la carta que había cogido antes de entrar en la casa de Laura
En el remitente ponía M.
La abrí
¡¡ERA PARA MÍ!!

“¡Hola chaval! Estoy orgulloso de ti, aunque si recibes esta carta, poco orgullo podré tener porque estaré fiambre.
¡Eres todo un detective! Pero yo también. Me compinché con el cartero, que me traía comida de vez en cuando, el día que te conocí… tarde o temprano estaba claro que tenía que palmarla y últimamente no me encontraba  nada bien
¿Cuánto habrá pasado? No lo sé ¿de qué habré muerto? No lo sé ¿leerás tu la carta? Eso espero, porque si no, nadie va a entender una mierda.
Cuida de mis escritos, haz con ellos lo que quieras, publícalos.
Alejandro ya es mayor, tiene la vida solucionada. Pero mi pequeña Laura, sé que no es feliz y menos en esa casa. Me vine aquí a ver cómo crecía, cómo se hacia mujer… pero sonríe poco. La vida le ha sido muy dura a su corta edad.
Nunca tuve el valor de hablar con ella y decirle que allí estaba su padre. Un padre es un referente y ejemplo ¿y qué ejemplo podía dar yo en esas condiciones? No me he atrevido ni a escribirle, ni a pedirle perdón.
Pero a ti si te pido que le transmitas mi deseo de que no le falte de nada y le des este número del Banco del pueblo.
Chaval, cuídate. Ojalá vivas y disfrutes. Eres un buen crío
M.”
Abajo aparecía su firma

“No me lo puedo creer… ¿Papá, esto vale como permiso?”
“Si, bueno, creo que sí, dice que hagas lo que quieras con los escritos y está firmado”
“Cuida esto como oro en paño… edítalo y publícalo papá, porque no puede ir mal. Lo sé”

Fui corriendo a casa de Laura
Me abrió la tía con bata de leopardo…

“¡hola cariño! ¿Se te ha olvidado algo?
“¿Está Laura?”
“Está en la biblioteca. Pero ¿para qué…?”
“¡Gracias!”

Le dejé con la palabra en la boca
Menos mal que no era un pueblo muy grande y sólo había una biblioteca.
Al fin la vi

“¡shhhh! ¡Laura! ¡Ven!”

Salió conmigo fuera

“¿qué no entendiste de mis palabras tarado?”
“ya, ya, ya… ¡oye! Esto es para ti”
“¿qué es?”
“lo dejó tu padre para ti, tienes que ir al banco a ver qué es”

Me cogió de la mano y fuimos corriendo al Banco
No me habló, ni me miró
Llegamos al mostrador
“buenos días señorita, ¿en qué puedo ayudarle?”
“tengo este número de cuenta que me ha dejado mi padre”
“¿me permite?”

El hombre empezó a teclear el número en el ordenador

“sí, aquí esta: Laura Martínez Santos”

Laura se quedó blanca… yo creo que pensaba que le estaba tomando el pelo
¿Pero cómo iba a bromear con algo así?

“acompáñeme por favor”

Me iba a quedar esperando fuera, pero se giró y me dijo

“tú, ven”

Nos llevaron a una cámara acorazada
Había un montón de cajas fuertes
¡Cuánta gente del pueblo tenía pasta! Porque allí había unas cuantas…

“es esta, 212. Esto no es el numero de cuenta, es el código que tiene que marcar para abrirla”
“gracias”

212… como la habitación donde estaban los escritos en el psiquiátrico…

“ábrela tú”
“¿cómo?”
“¡¡que la abras!!”

Marqué el código y la caja fuerte se abrió
No miré dentro por respeto…
Me aparté para dejarle su espacio
Se acercó y de pronto se puso a llorar… mucho
“mira…”

Chupetes, un diente en una caja, una figura de arcilla con su mano de cuando era pequeña que ponía “feliz día del padre. Te quiero M.”

“Son todas mis cosas de pequeña… las ha guardado todos estos años…”
“Laura mira, ahí hay un álbum”
“no me lo creo… ¡¡son nuestras fotos!! Mi madre me dijo que se habían quemado…”

Fue pasando las páginas del álbum
“pero… estas son ya de mayor… siempre desde el mismo sitio… es mi crecimiento en fotos”
“él siempre quiso estar pero nunca se atrevió”

Había un cheque en la última página del álbum y una nota
“Te quiero con locura mi niña… Ojalá la vida me hubiese brindado una segunda oportunidad para hacerlo bien, o más valor de aprovechar la que me quedaba. Te quiero, no lo olvides. M.”

Laura se secó las lágrimas, cogió el cheque y cerró la caja

“señor, ¿qué es esto?”
“Es un cheque”
“¿y por qué está en blanco?”
“porque todo lo que haya en esta cuenta, cuando seas mayor de edad, será tuyo”
“¿y cuánto hay en la cuenta?
“2 millones de euros”
“no, no, mírelo bien, en ESTA cuenta”

Giró la pantalla del ordenador y ahí estaba
2 millones de euros
¡¡PERO QUÉ COÑO HABÍA HECHO EL VIEJO!!

Laura me miró y yo no supe qué hacer

“gracias”
Me señaló
“¡eh! ¡Tú! ¿Me agarras? Creo que me voy a desmayar…”
“¡no puedo! ¡Creo que yo también!”

miércoles, 3 de abril de 2013

M. (Tercera parte)


Mi padre me miró con cara de ¿pero qué coño es esto?
Se puso las gafas, se incorporó en la cama y empezó a leer…
Mi madre seguía roncando

“Esto… esto es… ¡muy bueno! ¿Dónde lo has encontrado?”
“Es de un señor que he conocido, un prestigioso escritor que ha arrasado en Londres y New York y ahora está probando suerte en España… ¡¡y aún no tiene editorial papa!! Es tu gran oportunidad”
“es muy bueno, si… ¿Dónde lo has conocido?”
“¡eso da igual papa! Son las 3 de la mañana, no te voy a desvelar… pero qué te parece si mañana se acerca a la editorial con más material y ¿habláis?”
“que jeta tienes ¿no me vas a desvelar?... vale hijo, mañana a las 5. Díselo a tu amigo”
“¡¡GRACIAS PAPA!!”

CAPITULO 3

Me fui al cuarto, escribí a Tomy como le había prometido, pero aquella bola rellena de bollos ni lo leyó… estaba tan preocupado por mi, que se había dormido.
Tenia 5 horas y media para idear un plan antes de ir a clase.
Miguel iba a ver a mi padre, pero no podía ir así…con esas pintas

Papá salía de casa a las 7:30… el problema era mi madre, que dormía hasta después de las 12…
Desde que toma las pastillas esas solo duerme y discute
Depresión. Yo digo que simplemente está amargada

Dejé los escritos sobre la mesa y vacié la mochila sobre la cama
La linterna de la bici rota, migas del bocata, algunos bolis de clase y papeles de chicle y el alicate

Mmmmmm… ¡ese era el siguiente plan!
¿Qué iba a hacer con ellos?
La historia de M. me había marcado…
Y vuelvo a hacerme la pregunta… ¿para qué coño quiere una tía de 16 años unos alicates de un psiquiátrico?

No dormí en toda la noche…
Hice la mochila del cole y me duché…
Eran las 6 de la mañana.
Vi pasar cada hora

M. molaba.
Pero ¿por qué?
Solo había hablado con él un rato y de pronto le tenía cariño
Y os aseguro que no soy el tipo de persona que se encariña… 
De hecho me da bastante asco la gente en general
Hablan de principios y mierdas y luego se venden por dos euros

Pero M. molaba
M. tenía una historia detrás que aún no conocía, pero que estaba seguro de que me iba a gustar
Tocaba poner el plan en marcha
Mi padre arrancó el coche y se fue
Me descalcé y entre de puntillas en la habitación de mi madre
Mi drogada madre
Abrí despacito el cajón de las corbatas, saqué una azul que estaba al fondo
Al estar ahí puesta deduje que mi padre no se la ponía mucho y no la reconocería.

Más o menos M. y mi padre tendrían la misma talla
Seguramente M. era más alto.
Calcetines negros, el traje de misa de mi padre, una camisa, cuchilla, espuma de afeitar, jabón, tijeras, un peine, gomina…

“Creo que lo llevo todo”

Salí de la habitación
Mi madre ni se inmutó
Metí todo en una bolsa de mano, incluido el alicate, porque en la mochila no cabía y me fui a clase

“Hola guapo”

Ahí estaban sus hermosos pechotes y ella. Y su séquito de zorritas detrás, claro

“Hola Brenda ¿qué pasa?”
“¿Traes lo que te pedí?”
“Si, claro”

Y en eso momento me vino la frase de M.: “cuando consiguen lo que quieren, ya no vales”

 Saqué el alicate de la mochila… tenia las iniciales del centro S.P (Santo Padre) grabadas en el mango derecho

“ohhhh!!”
Empezaron a aplaudir como mosquitas revoloteando
Y en ese momento apareció Tomy

“tío, ayer me dormí, lo siento. ¡¡Vaya!! ¡¡Lo tienes!!”
“si tío, ya te contare”

Brenda se acercó en plan zorrón… ya sabéis, contoneando las caderas y sacando su talla 100 a relucir

“bueno, parece que ahora si, ya podemos ser novios, valiente”

Se acercó a darme un beso en la boca y le puse el alicate en los labios

“Si Brenda, esto es para ti, para que al próximo que le pidas algo sin sentido como un pony con alas o un dragón que eche fuego por las orejas, pueda retorcerte los pezones de esas enormes e inútiles tetas”

Brenda me miró indignada, giró su pelo en un mítico movimiento “Pantene” y se fue con su séquito de lameculos.

“¡¡tío!! ¿Estás mal de la chota? … adiós a los melones de Brenda para siempre…”
“Tomy, vamos a clase”

Respiré profundo
Me sentía un hombre, creo que por primera vez en mi vida
Menuda subnormal
Estaba buena sí… ¿pero qué más tenía que demostrarle a aquella tipa después de estar dos años colgado por ella?

Flores, cartas, bombones, 1000 invitaciones a planes diferentes…
Siempre “NO”

Y ¿ahora?
Ahora que a ella le venía bien, tenía que ser “valiente”
Mamarracha egocéntrica… ¿qué más valentía que demostrarte mis sentimientos?

Yo también tenía mi reputación
“el malote del cole” “el problemático”
Eso les ponía a las tías

Podía tener a cualquiera y me fijé en ella
Claro, era la que tocaba, la guapa
Y ahora que lo pienso, ni siquiera había cruzado más de 3 palabras seguidas con ella
Solo hoy…
Y me faltaron otras 3: “que te den”

Le conté a Tomy por encima lo que había pasado ayer y le pedí que me acompañara al psiquiátrico a ver a M.
Sonó la alarma de clase y salimos escopetados