Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de marzo de 2014

El duende...

Esta mañana, si se puede llamar "mañana" a las 7 a.m de un sábado, mi perro y su despertador escatológico volvieron a hacer de las suyas. Cuando a Choco le entran ganas, le entran ganas y, como es lógico, hay que sacarlo.

He probado a pasearlo a las 2 de la madrugada, para ver si haciendo su último pis de la noche más tarde, se puede alargar el sueño del día siguiente. Pero no. Le gusta las 7 a.m por un tema suyo, de césped virgen y ambiente lóbrego...

Te levantas de la cama con el ojo medio abierto, a oscuras y buscando torpemente las zapatillas. Te coges el plumas, el gorro y sin quitarte el pijama, te dispones a enfrentarte al frío polar de la mañana, ese que muchos definen como "el fresquito del alba" que tú piensas "¿fresquito? Díselo a mi moquillo en forma de estalactita"

A favor de Choco, tengo que decir que no conozco perro más tranquilo y noble.

               - "¿qué haces Choco? ¡Venga! ¡Vamos que hace frío!"

Que te mira, con su culo posado en el suelo, y le falta decir:

                - "¿qué prisa tienes? Despacito se vive más feliz"

En plena "discusión" imaginaria con mi perro, algo se cruzó detrás de mí. Lo sentí, pero la verdad es que no vi nada. Supe que algo había pasado porque mi can, inmediatamente se levantó del suelo y empezó a gruñir.

Ahí es cuando sientes miedo... cuando sin saber qué pasa detrás, ves la cara/reacción del que tienes en frente, sea persona o perro.
Me giré ipso facto. No vi nada, pero Choco seguía gruñendo y mirando a la nada...

               - "¿qué ves chico? ¿Qué pasa?... Ojalá no me contestes, porque entonces si me meo del miedo..."

Intenté darle normalidad al asunto, cogiendo la correa con dominio y continuando con la marcha. Pero mi perro no estaba por la labor.

               - "Vamos Choco, que tenemos que volver a casa"

De repente, algo del tamaño de un gato sobre dos patas, me agarro del pijama.

               - "Disculpe señorita, el perro no se va a mover, creo que nunca antes había visto a un duende"

Me aparte de inmediato, solté la correa y salí por patas... mirando hacia atrás. Entendí porque el mejor amigo del hombre es el perro y no al revés, y un sentimiento de culpabilidad con mezcla de terror, recorrió mi cuerpo.

Frené en seco. Respiré y caí en la cuenta de que un tarado bajito me estaba vacilando. Y lo peor de todo, es que tenía a mi perro. Me di la vuelta con la seguridad de una folclórica y la culpabilidad de un despojo humano, capaz de soltar la correa de su perro al primer susto.

Observe que Choco estaba bien, y que aquel imbécil sostenía la correa. Mi perro estaba encantado con aquel desconocido. Y no es que Choco sea anti-social, pero en una situación normal, habría salido corriendo detrás de mí. (Lo que también me restó culpabilidad, yo era cobarde, pero mi perro un vendido)

               - "Eh, tú, suelta a mi perro... ¿pero de qué vas? Lárgate de aquí, no tienes gracia..."

               -"Tranquila malas leches mañaneras... ¿Sabes qué pasa? Me presente como me presente, todos hacéis lo mismo... Da igual si aparezco despacito o de repente. Si susurro o si grito, si vais solos o acompañados... Siempre salís corriendo y me insultáis, pero nadie se pone en el lugar del gnomo..."

               - "ya, ya ya... Dame esto"

Le quité la correa y antes de continuar con la marcha, Choco le dio un lametón, me miró y tiró para casa.

               - "loco de las narices... ¿y tú de qué vas eh? No era un niño ¿sabes? No todo lo pequeñito es bueno..."

FIN

Y así somos. Nuestra cabeza, un 99,9 % de veces reacciona así. Reacciona con la lógica y no con la curiosidad. Reacciona con la memoria y no con la posibilidad. Con un "es imposible" y no un "podría ser"...

Os contaré algo, era bajito, no un duende, estaba loco y vestía de verde, con un gorro y dando saltitos... Lo detuvieron por exhibicionista, porque a las pocas semanas decía que era Tarzán y enseñaba su liana colgante a las mujeres que paseaban por el parque...

Pero pensemos por un momento que hubiese sido un duende... Pensemos que de verdad hubiese existido...


Personalmente, me habría gustado más conocer a Tarzán.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Estoy enamorada

Hoy quiero compartir con vosotros algo que hacía tiempo que no me pasaba, que no sentía. 

¡ESTOY ENAMORADA!

Y puedo decirlo sin que me tiemble el pulso. Sin que la voz se altere. Lo se firmemente. 
Y lo se, por que lo he puesto en mis redes sociales.
No ha faltado una: Twitter, Facebook, instagram…

Que bonita sensación. Que maravilloso sentimiento.

Aunque a veces me parece una responsabilidad estar a la altura de mi pareja. 
Me pregunto constantemente si estaré consiguiendo transmitirle todos los pensamientos que me evoca pensar en él. Intento que cada vez que ocurre, se entere el mundo.

En realidad creo que es una manera de dar seguridad a tu pareja. 
Es como cerrar puertas a los posibles babosos que te escriben al whatsApp, por ejemplo. 

Yo tengo la estrategia: ponte una foto con tu chico y que les den. Ahí claramente estas poniendo una barrera de contención. El que quiera saltarla, que se arriesgue a sabiendas de que la piscina puede estar llena o no.

Otra de las cosas que no pueden faltar cuando estás realmente enamorado es el Nick que pones para que lea la gente. El mío ahora es “juntos para siempre. Gracias por hacerme feliz cosita. TQ” y el suyo “Jamás imagine encontrarte y por fin estas en mi vida. Te amo”

Ves. Claramente se ve que nos queremos muchísimo.
Hay química, sin duda. Estamos en la misma onda.

Mi amiga Marta, por ejemplo, tiene una foto de perfil puesta con su chico y unas iniciales que se tatuó por él como estado de whatsApp.
¿Su novio? El escudo del Barça como foto y una frase de la peli “300” de nick.

Claramente no hay amor. No es correspondido. Marta no lo ve, se ríe cuando le pregunto si no va a tomar medidas al respecto. Según ella: “la gente es libre de querer a su manera. Prefiero que me lo demuestre con hechos cada día, que no públicamente con palabras. Y lo hace, vaya si lo hace…”

Pobre. No se da cuenta de que su novio pasa de ella.

El mío me quiere tanto, que cada poco cambia la foto y el estado. Cada vez que suena nuestra canción en algún sitio, lo pone en Twitter.

La gente nos envidia. Envidia nuestro amor puro y detallista. Y lo entiendo, aunque cada vez veo más parejas que quieren copiar nuestro secreto cibernético.

Quizás no nos vemos tanto como me gustaría, es verdad.
Pero con todos estos detalles públicos ¿quién necesita verse tan asiduamente?

Es decir, si yo salgo de trabajar a las 19:00 y el a las 21:00, pues en lugar de quedar a cenar, tener que ducharse, vestirse, arreglarse, desplazarse hasta el sitio, acabar tarde y levantarte al día siguiente reventado, quedamos por Skype y nos ahorramos todo el trajín.

Cenamos juntos en realidad, bueno, casi. Esa escena me parece mágica. Los dos delante de la pantalla, compartiendo momentos, contándonos el día… es precioso.

Aún no nos hemos ido a vivir juntos, pero por preservar nuestra intimidad y nuestra pasión.

Probamos a hacerlo y no funcionó. Discutíamos después del trabajo por tonterías. Así que decidimos tener un ciber-relación entre semana, colgados del teléfono y las redes.

Nunca más desde entonces hemos vuelto a tener una disputa… no recuerdo ni una sola discusión. Y claro, cuando nos vemos los fines de semana, nos cogemos con muchísimas más ganas. Es como empezar de nuevo.

Cómo nos queremos… 

Se que te puedes sentir intimidado con tanta muestra de afecto, con tanto detalle romántico, con esta relación idílica. Lo se. Pero, si te lo propones, con esfuerzo y dedicación, podrás ser tan feliz como nosotros...

Piensa que la verdadera felicidad es la que se cuenta a los cuatro vientos, la que se comparte con el mundo... 

O era al revés...

miércoles, 23 de octubre de 2013

LAURA (PARTE VI)

“maldito mico…”
“¿qué? Lau tía… ¿sabes quién es?”
“Ana, necesito estar sola, vengo ahora”

Cogió una chaqueta y las llaves, sin dejarle a Ana la oportunidad de decir nada más.
Bajó andando, estaba lo suficientemente nerviosa y ansiosa por salir, que el ascensor no era buena idea.
Se fue al sitio, a su rincón de Madrid.
Estaba a unos 25 minutos de casa, pero le daba igual. Necesitaba aire. Necesitaba decidir.

Ya en el Templo de Debot y después de sentarse en el borde de la fuente, sacó del bolsillo la carta que había encontrado en la caja.
Un párrafo, el párrafo que trastocó su plan:
 “Pero tu guerra ahora, es otra. Otra diferente a la mía, cuando en esta batalla deberíamos estar juntos”

“¿y qué se supone que tengo que hacer eh?”
Cogió entre sus manos el collar de su madre que tenía colgado al cuello.

“¿No se supone que la vida es una, que hay que luchar por los sueños, que hay que escoger el camino que uno considera que le hace feliz?”

Se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta y se tumbó sobre el murete de la fuente.
El cielo estaba estrellado con una inmensa luna llena iluminando las penumbras de Madrid.

“Si tú estuvieses aquí, nada de esto sería tan difícil… mamá, necesito que me des una pista. Recuerdo cada una de las conversaciones que  tuvimos, pero me debes las que quedaron pendientes, todas las dudas que ahora tengo y no te puedo preguntar. Todos los miedos, las inquietudes, los consejos que ahora me hacen tanta falta. ¿Debo de hacer lo que debo o lo que me gustaría hacer?”

“¡Hola! ¿Estas bien?”

Una cara del revés se puso encima de la suya.
¡Era él! Con su pantalón corto de correr y su camiseta blanca.
No lo volvió a ver desde ese “no reconocimiento” en el mismo lugar.
Esta vez no podía cagarla, estaba claro.
Esta vez se debía presentar como se debe a su “vecino el guaperas”

“¡Hola! Pero… espera un momento ¿cómo sabes que soy yo?”
“¿cómo dices?”
“¡Si! Si no me he presentado cara a cara, ¿cómo sabes que soy yo?”
“¿y cuál es la otra opción si no eres tú?”

Laura se incorporó y su vecino se sentó al lado.

“¿te lo ha dicho el portero?”
“puede ser… o puede ser que al verte sepa que eres tú porque sólo tú puedes ser así”
“¿estás loco?”
“¿y tú?”

Se rascó la oreja izquierda mirándole a los ojos, y después de unos segundos, se puso el collar al cuello y siguió…

“no sabes quién soy ¿verdad?”
“no tengo la menor idea, pero te puedo asegurar que está siendo uno de los momentos más raros de mi vida…”
“¿te parezco guapa?”
“Sin duda”
“¿por eso te has acercado?”
“En realidad si hubieses sido una anciana de 80 años, creo que lo habría hecho igualmente… no me gusta ver a una mujer llorar, sea como sea”
“ah… entonces ¿no quieres ligar conmigo?”

Un silencio entre los dos, mirándose a los ojos, fijamente.
No hubo respuesta verbal.
La respuesta, en este caso, fue corporal.
Acerco suavemente su mano a la mejilla de Laura para limpiarle la lágrima que caía por el pómulo.
Apartó sutilmente el mechón de pelo hacia atrás y se acerco lentamente.

A ella le faltaba el aire. El estomago se encogió y las ganas de que la besara aumentaban a medida que se acercaba.
Ella cerró los ojos.
Él se acercó al oído.

“si considerara que tengo una sola oportunidad contigo, lo habría intentado desde el día que llamé a la puerta de tu casa…”

Laura se separó de él, lo miró y le entró la risa.

“y ahora dime, peculiar vecina alocada, ¿estas bien?”

No podía responder. La situación era tan surrealista a la par que romántica que no quería romper el momento…

“¿qué? No me mires así, ¡yo también tengo mirilla en la puerta! ¿Has cenado?”
“No…”
“vamos”

De camino al local de tacos de la calle Fuencarral, se pusieron al día de sus vidas. La conversación no fue nada del otro mundo, simplemente un “este soy yo” “y esta yo”.  Nada original salvo la absoluta sinceridad con la que los dos destaparon sus cartas de presentación.

4 horas hasta la vuelta a casa. Ni relojes, ni móviles, ni interrupciones de ningún tipo. Solo ellos.

“¿te puedo preguntar por qué estas triste?”
“eeeeehhh! ¿Y tú que sabes Sherlock Holmes? Si no he parado de sonreír ni un minuto…”
“Son tus ojos los que no lo hacen. Hablan de tristeza y miedo”
“Es una historia complicada y larga con la que no te voy a aburrir en nuestra primera cita…”
“¿cita, eh? ¿Primera? así que… ¿te gusto un poco y te gustaría repetir?”
“¡oye!”

Roja como un tomate no supo qué mas añadir.
Pero no hizo falta y tampoco le hubiese dado tiempo.
A la que agachó la cabeza el le subió la cara con la mano y la besó.
Después de desearlo durante la noche, la besó.
Un beso dulce pero contundente.
Un beso que tenía el sabor del primero y la complicidad del último.
Un beso que les hizo quedarse en silencio en el camino de vuelta a casa.
Pero un silencio cómodo. Un silencio más cómodo que cualquier palabra que se hubiesen dicho en ese momento.

Cruce de miradas, de roce de manos, de otros besos como ningún otro beso robados por las calles de Madrid…

“pues aquí nos separamos…”
“si…en realidad unos metros”
“si… que descanses. Me lo he pasado muy bien”
“Que descanses…”

Cerró la puerta de casa, asomándose a toda prisa a la mirilla.
Antes de cerrar, él miró al huequecito de la misma y le guiñó un ojo.
Cerró corriendo la tapa de la mirilla como si la hubieran pillado haciendo algo malo.

“pero ¿a ti que coño te pasa eh?”
“Hola gorda”
“Te he llamado 30 veces tía. Hace 6 horas que te fuiste y no sabía nada de ti”
“Es Manu, Ana”
“¿Qué? ¿Qué Manu? ¿De qué me estas hablando ahora?”
“La carta me la ha escrito Manu, mi hermano tía”
“¿El caniijo?… Oh Dios, Lau, ahora que lo dices, tiene todo el sentido del mundo…”
“y estas 6 horas he estado con él…”
“¿con Manu? ¿Está aquí?”
“No, con Alex, el vecino”
“¿el buenorro?”
“nos hemos besado”
“¿ya? ¿TÚ?”
“Me gusta. Mucho”
“Ay mi madre Lau… ¿y qué vas a hacer? ¿Vas a volver a casa? ¿vas con tu padre y con tu hermano a echarles una mano? ¿Te vas a quedar? ¿Qué vas a hacer con Alex?”
“Me voy a la cama gorda, buenas noches…”
“pero, ¡tía! No me puedes dejar así”

“buenas noches gorda, te quiero”

jueves, 9 de mayo de 2013

Querido diario...


Querido diario:

Lo primero de todo, no me pareces querido, la verdad… nunca he escrito uno y tampoco creo que se pueda querer a un diario…
Es estúpido…
Es como quererse a uno mismo a través de unas reflexiones cínicas de lo que ha sido tu día…

¡O bueno! ¡Puede darse el caso de que tu vida sea la leche!
¡Que cada día que pasa es una aventura alucinante que no puedes esperar a escribir en estas hojas!
Me imagino algo como…

Querido diario:

He localizado el objetivo.
Después de 3 meses de investigación, viajes a la Ciudad perdida de Burudongo, de mis luchas con caimanes mano-colmillo y de tantos y tantos litros de sangre...
Por fin el Mono titi está a salvo en la cueva de los mil dientes de acero
Una misión más
Un día de vida más….
Pd: perdona que no haya escrito antes.

Pues qué quieres que te diga… escribe una peli, no un diario…

Exactamente ¿Cuál es el fin?
Es decir, yo pongo hoy “querido diario: ha sido un día asqueroso, aburrido y sin ninguna sorpresa ni nada emocionante”
Vale…
Y mañana lo leo y ¿qué conclusión tengo que sacar?
Me refiero… que mi vida es aburrida ya lo se… ¿encima tengo que verlo escrito?

“un diario es la reflexión del estado de cada uno sobre papel… cuando pasa el tiempo te gusta leerlo porque es un repaso a tu vida y las sensaciones que tuviste entonces”

Vale, entonces yo voy a elegir el recuerdo que quiero tener de mi vida, porque está claro que algunas cosas de la realidad se pueden matizar, pero no cambiar…

Querido diario:

Después de dormir 12 horas en mi cama de viscolatex que anuncian en la tele, Henrry, mi maromo de 2 metros por 2 metros (ya pones tu los dos metros donde quieras en tu imaginación) me había hecho un maravilloso desayuno al estilo americano…
Después del baño relajante en el jacuzzi tocaba ir al Micael, el masajista (tienes que imaginarte un tio buenorro, por eso se llama Micael… tiene que ser italiano o algo así…)
Es como copiar la vida de Paris Hilton…

¡Espera!

Mejor un diario que te de opciones… ¡como un test!

Test del miércoles 11:
Hoy el día ha ido
a)                  bien
b)                 mal
c)                  regular
d)                 Tos

Creo que hoy me siento
a)                  animada
b)                 deprimida
c)                  cansada
d)                 moco

Por la tarde voy a ir
a)                  al cine
b)                 al gym
c)                  a la compra
d)                 pis

Para los que tenemos poca labia para expresarnos no estaría nada mal, la verdad…
Pero la tentación de escoger siempre la “D)” y que el psicoanalista saque sus conclusiones mentales a partir de esas respuestas sería demasiado grande…

Diario, diario… vaya tela
Lo siento, no creo en ti
Respeto a  la gente que lo escriba y que le sirva…
Pero no creo en ti
Mañana será raro leer esto último porque estoy enfadada con un cuaderno y entonces tendré que pensar: “no, lo que pasa es que estabas enfadada con el mundo, o  contigo misma y lo plasmaste en las hojas, busca la solución a la rabia escribiendo y el problema saldrá a relucir”

Uffff… querido diario, vete a volver loca a tu madre…